EL CABALLERO OSCURO: LA LEYENDA RENACE (I)

ATENCIÓN: este post revela detalles cruciales de la película.

Escribir esta reseña no me ha resultado nada fácil. No es mi intención despertar vuestra simpatía y conseguir vuestra piedad; simplemente, quiero dejar claro que, para mí, esta ha sido una película especial. Demasiado especial. Cosa que me esperaba: quienes sigáis este (y el antiguo) blog sabréis que soy "devoto" de Batman desde niño, además de fan "cuasi incondicional" de Christopher Nolan y seguidor del género de superhéroes (tanto en cómic como en cine). Esta unión de factores nos ha dado ya una trilogía que se cierra con este capítulo: podréis entender, entonces, que mis expectativas han estado muy altas, y que tras varios visionados he desmenuzado esta película.

El caso, en resumidas cuentas, es que tengo aquí otro film que me anima a debatir largo y tendido sobre él. Lo merece. Christopher Nolan, en mi opinión uno de los artesanos más inteligentes del cine comercial de Hollywood actual (inteligente, que no infalible: eso me da para hablar en otro post), se enfrentaba a sí mismo a la hora de presentar el final a la trilogía que ha supuesto su consagración. Gracias a Batman Begins comenzó a hacerse sonar en el ámbito del cine comercial, cuando antes era conocido en los círculos del cine independiente; gracias a El Caballero Oscurose puso en primera línea y tuvo vía libre para rodar Origen, un capricho que consolidó su éxito. El "problema" estaba en que su trilogía de Batman había llegado demasiado alto. Batman Begins es una de las más sólidas y completas películas de superhéroes, pero El Caballero Oscuro, pese a sus fallos, fue un maldito milagro que abrió las puertas de la madurez al género. Así que este era el gran reto de Nolan: no solo dejar un desenlace a la altura de la saga; también consolidar la vía que él mismo había abierto en el género, así como dar un paso adelante en su evolución como director y demostrar que sigue en buena forma.

No creo que Nolan de verdad quisiese hacer esta tercera entrega con toda la pasión que sí le noto en El Caballero Oscuro; igualmente, no se puede decir que sea un director desinteresado de su producto. The Dark Knight Rises(prefiero utilizar el título inglés que el pomposo y larguísimo en español) es una de sus películas más ambiciosas; y mirad que Origen fue el culmen de su estilo meticuloso y enfermizamente espectacular, pero en esta asistimos a pura adrenalina: miles de extras, efectos especiales tradicionales llevados al máximo, multitud de escenarios situados en localizaciones reales por todo el mundo, personajes nuevos... En su esfuerzo por dar un final coherente a la saga, Nolan expande el universo que ha creado; The Dark Knight Rises es deudora de sus dos antecesoras, tanto formal como argumentalmente, pero intenta ir más allá, explorando caminos nuevos. No podemos, repito, acusar a Nolan de estar despegado de su última película. Pero que a mí no me engañen: tampoco creo que estuviese deseando rodarla. Ahora bien, una franquicia es una franquicia, y la Warner no podía dejarla descolgada; ni Nolan tampoco, si quería seguir manteniendo su buena relación con un estudio que, hasta ahora, le ha dado libertad para llevar adelante sus proyectos.

Así las cosas, todos los fallos que presenta The Dark Knight Rises se deben a esa desgana; a un Nolan que, por primera vez, noto cansado, sujeto a las directrices de un género, sorpresa, no quiere trastocar: el director que se arriesgó presentando sin tapujos la oscuridad en El Caballero Oscuro, de pronto, se acojona.

Parece que estoy poniendo a parir la película. No es  así. Dicho en pocas palabras: The Dark Knight Rises me parece un final dignísimo para la trilogía del Caballero Oscuro. Un final lógico, coherente y respetuoso con lo que se ha construido en estos siete años. Nunca, y repito, nunca antes una saga de superhéroes había alcanzado los niveles que esta. ¿Escucho por ahí el Spider-man de Raimi, o los X-Men? Esto no tiene nada que ver. Nolan vuelve a dar un puñetazo sobre la mesa: demuestra encontrarse como pez en el agua en una saga que es completamente suya. Veo coherencia en el género (el otro milagro en este sentido nos ha llegado con Los Vengadores y toda la llamada Fase 1de Marvel, pero de ello ya hablaré en otro momento).

Y durante los dos primeros tercios de la película asisto al mejor Nolan. A una tercera película de Batman que sabe perfectamente dónde está: con la obligación de terminar lo empezado en la primera entrega pero con el peso de una segunda parte, que ya es cinta de culto, sobre sus hombros. El Caballero Oscuro es inalcanzable, de modo que The Dark Knight Rises toma su propio camino. Y le sale bien la jugada, pese a todo. Porque Nolan, repito, sabe lo que tiene entre manos. Porque los propios conceptos que maneja son tan fuertes que hay que ser muy chapucero para hundirlos. Por suerte, Nolan tendrá muchos defectos, pero no es chapucero.

El punto de partida es prometedor y muy potente: Bruce Wayne lleva retirado ocho años. La mentira que él y Gordon montaron sobre la muerte de Harvey Dent dio lugar a una estricta ley que ha erradicado el crimen organizado de Gotham. Batman ya no es necesario. Sin embargo, Bruce se ha aislado del mundo: la muerte de Rachel, el sacrificio de Batman y algunos fracasos en su compañía le han llevado a creer que no hay nada fuera de su mansión que le pueda interesar.

Ahí se acaban las relaciones con El Caballero Oscuro. Los personajes de The Dark Knight Rises son fruto de las decisiones que tomaron en esa película, de los errores que cometieron, de las tragedias que sufrieron, y se enfrentan a ellas. El Caballero Oscuro les puso contra las cuerdas, y ahora, como bien indica el títutlo de la película, toca "ascender", toca recuperar a Batman. Y hay que regresar a la olvidada Batman Begins, reivindicarla. Es en ella donde Nolan encuentra otra vez los temas con las que The Dark Knight Rises saldrá adelante. A partir de ahí, la película es dinamita pura.
Christian Bale está completamente metido en su papel: en la película anterior acabó eclipsado por un Joker que, para colmo, no era el protagonista de la función, sino un mero agente del caos que iba y venía a su antojo. Y, por primera vez en toda la trilogía, este es su momento; ya no es un millonario mimado y novato en su papel como justiciero, al que le cuesta mantener un cara a cara con Ra's Al Ghul, ni el Batman superado por las circunstancias y el drama, en forma de anárquico payaso. Ahora, el héroe debe volver; más que eso, necesita volver. El regreso de Batman puede parecer precipitado, pero más bien, debemos entender la revelación de que hay un peligro en ciernes en las alcantarillas como una excusa para que Bruce Wayne, por fin, se anime a salir de su agujero, superar las lesiones físicas y psicológicas y hacer lo único que cree que le queda: ser Batman. Se lanza a ello sin tener en cuenta que ha pasado demasiado tiempo inactivo; se confía, cree que puede golpear "más fuerte y mejor", se enfrente a lo que se enfrente. Evidentemente, se equivoca.

Y Nolan es un guionista demasiado meticuloso: se caracteriza por sus guiones enrevesados, armados con total precisión de tal modo que todos sus elementos podrán chirriar más o menos, pero no podrán acusárseles de ser innecesarios. El guión de El Caballero Oscuro se hipertrofiaba demasiado, pero no podías prescindir ni del más mínimo detalle o personaje comparsa o el conjunto se vendría abajo: en The Dark Knight Rises, Nolan se modera (ya estuvo a punto de costarle el cuello en Origen). Su principal propósito es que el héroe sufra, hundirle hasta lo más profundo (metafórica y literalmente; tanto a nivel físico como mental, e incluso económico), y se toma todo este tiempo para situar a los personajes y las bases argumentales que jugarán un papel fundamental en la caída de Bruce/Batman. Ahí reside el gran acierto de la película en su primer tercio: presentarnos de manera creíble a un héroe deprimido, que se aferra inconscientemente a una reto que, en esta ocasión, es demoledor.

Bane es el plato fuerte. No quiero caer en comparaciones con el Joker de Ledger: todos sabemos que es un villano ya icónico, cierto, pero me parece ridículo menospreciar a Tom Hardy por tener en mente a un villano cuyo momento de gloria ya pasó. Bane es completamente distinto; las comparaciones son inútiles. Hardy, en pocas palabras, está inmenso. Se enfrenta al enorme reto de sostener al villano principal de la película solo con su presencia física y, aún más importante (y difícil), con la mirada. Y lo consigue. Bane impone: es una auténtica bestia, un arma de matar con una capacidad aterradora para poner a una metrópolis de rodillas sin remordimiento alguno. Con él me queda totalmente claro que Nolan disfruta con los villanos (como cualquiera, la verdad): le da los momentos más icónicos (su cara a cara frente a Daggett es brutal) y las frases más demoledoras (atentos a su entrada en la Bolsa). Hardy también disfruta: se recrea con sus poses, con su voz, con su ira: con el lujo de encarnar una amenaza material e imparable, ya desde su espectacular presentación.

La otra novedad de la saga es el personaje que la mitología de Batman requería con urgencia: Selina Kyle. No Catwoman; si acaso, "El Gato". En su obsesión por el realismo, Nolan le ha dotado al personaje de un ceñido traje y gadgets variados: incluso se estruja la imaginación para encontrar una explicación lógica a las orejas de gato, y las convierte en la silueta de sus gafas de visión nocturna. Claro que el hábito no hace al monje; pero se agradece que recuperen a Selina como realmente es (y nunca habíamos visto en pantalla; ni siquiera en la sobrevalorada Batman Vuelve): una ladrona de guante blanco. 

El resto lo pone Anne Hathaway. La defendí desde un principio como una elección perfecta, y lo mantengo ahora con más fuerza. En su constante esfuerzo por quitarse la apariencia de niña buena y princesa Disney, Hathaway se nos presenta con un papel que es un auténtico caramelo para ella. Solo necesita su presentación en la mansión Wayne y su trepidante escena en el bar para demostrar que puede con un personaje tan intenso y volátil como este: Hathaway pasa de ser una chica inocente e indefensa a una seductora y traicionera femme fatale en un segundo, sin dejar de transmitir que, en el fondo, es una chica de la calle que lo único que intenta es sobrevivir. Promete ser el personaje dual que Batman y la película necesitan. Y, al igual que Hardy, Hathaway se divierte siendo una chica mala, con cada movimiento o gesto sensual, delicado y felino, que esconde un puñal (o, en su caso, un tacón afilado) detrás de la espalda (como vemos en sus contundentes escenas de acción). Y Nolan se sirve de ella para plantear el dilema de quienes se ven obligados a delinquir en una ciudad donde parece ser que la corrupción sigue campando a sus anchas, y las desigualdades sociales son demasiado grandes.
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-EL CABALLERO OSCURO: LA LEYENDA RENACE - Crítica