Pablo Quatrocchi dice que “es morir un poco”

El líder rojiblanco se prometió no volver a sufrir por un nuevo descenso, pero no logró salvarse con el Necaxa, mas tiene clara su fidelidad: no dejará el barco

CIUDAD DE MÉXICO, 23 de septiembre.- Existen jugadores que cobran para solucionar los malos momentos, pero un descenso es imposible de detener para una sola persona, por mucho que ame a la institución. Pablo Quatrocchi (Quilmes, Argentina, 1974) en los últimos años se convirtió en el escudo del Necaxa y al mismo tiempo en la bandera enarbolada del dolor.

De ser campeón en el Interliga 2007, jugar la Copa Libertadores y aspirar a lo máximo en la Primera División, pasó a morder la ceniza de dos descensos. “Este último me dolió más, porque parece que no aprendimos la lección, que de nada sirvió haber pasado un año en el infierno porque regresamos”.

La reacción de Quatrocchi fue igualmente admirable por arrebatada e intimidatoria. Hubo jugadores que aún no terminaba la campaña en la Primera División —sabiéndose descendidos— cuando ya buscaban acomodo en otro club y reían como si nada hubiera sucedido, pero él decidió aguantar la nueva tempestad con el espíritu en la mano.

image “Ojalá que el tiempo ponga a cada quien en su lugar; en lo particular fue difícil para mí saber que regresaba a la Segunda División.

Apagué cinco días seguidos mi celular; me incomuniqué, incluso mis padres en Argentina se preocuparon porque no me hallaban”, relata el defensa central.

Sin duda, la cara alargada de Quatrocchi no es sólo genética, sino también producto de la pesadumbre por todos los que sufrieron el descenso en el club.

“Lo más fuerte es el fracaso, porque somos espectadores culpables del cambio de vida de una institución.

image “El Necaxa tenía 20 empleados en la Primera División, ahora tenemos la mitad. Se perdió una buena generación de fuerzas básicas y de juveniles porque en estos momentos el proyecto ya no alcanza para todos”, explicó ensombrecido.

Entre los principales cambios que ha resentido el plantel, están, por ejemplo, los hoteles de concentración; los traslados, antes en avión, ahora se tienen que hacer en autobús, además de la falta de atención de la gente, porque ya no se transmiten los juegos de manera continua.

Sus padres estaban desesperados en Quilmes respecto al futuro que llevaría su hijo. Preocupados porque, de nuevo, ya no cobraría protagonismo en un club de la Primera División, pensaron en la incertidumbre que embargaría a toda la familia.

image “Les dije que estuvieran tranquilos, que la vida, a pesar de todo, aquí es muy dulce y tiene un sentido el jugar en esta división.

“Es una sensación muy fea cuando ocurre esto de descender, porque trabajé muy duro diario para no volver a sufrir esto y me quedé con un sabor muy amargo”, declaró.

Para Quatrocchi el tiempo se detuvo un instante. “Sé que hay cosas más importantes en la vida, pero para un futbolista, esto es morir un poco”.

 

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