¡Qué bueno que ya no somos niños pajaritos!

El Duende Preguntón

EL UNIVERSAL

¡Qué bueno que ya no somos niños pajaritos! Y no lo digo porque no sea la niñez la mejor etapa de la vida, ¿acaso recuerdan ustedes momentos más felices que cuando fueron niños? Lo digo porque hoy en día ser niño en México es muy peligroso. A los pequeños en este país solo se les respeta en el discurso de los políticos o en las campañas, porque en la práctica, en la realidad, miles de niños mexicanos son víctimas de abusos, de violencia, de explotación, de trata, sin que a nadie le preocupe ayudarlos ni hacerles justicia.

Los ejemplos sobran. El próximo domingo, 5 de junio, se cumplen dos años de una de las mayores tragedias que hayamos conocido los mexicanos. 49 niños de entre 6 meses y 5 años de edad murieron quemados y asfixiados en una guardería que era responsabilidad del Estado mexicano y que no contaba con las normas mínimas de seguridad ni protección para los menores, hijos de padres trabajadores que los habían dado en custodia a las autoridades del IMSS.

Las escenas que vimos y vivimos los mexicanos fueron angustiantes, dolorosas; padres llorando, niños calcinados que eran sacados desde los escombros, bebes de brazos que salían muertos, intoxicados por el humo del incendio. Fueron también escenas de vergüenza y de rabia, de coraje cuando autoridades federales o estatales se echaban la bolita y nadie asumía una responsabilidad por la vida de esos 49 niños. “Se hará justicia en la guardería ABC caiga quien caiga y tope en lo que tope”, decía el 9 de junio, de hace casi dos años el presidente Felipe Calderón. Nadie cayó y la justicia topó con los intereses de funcionarios cercanos al mismo presidente que fueron protegidos.

Pero hay más ejemplos. Un niño de 4 años de edad, en un colegio particular de Oaxaca, el colegio San Felipe, es abusado por un maestro con la colaboración de su esposa. La madre levanta una denuncia y se enfrenta a las autoridades de la escuela que recurren a sus influencias en el gobierno de Ulises Ruiz para tapar el caso y desprestigiarla a ella. El violador del niño huye, su esposa es detenida y la madre sigue todo un periplo de tribunales, juzgados, abogados, peritajes e interrogatorios a su niño para llegar finalmente a la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Los ministros, todos esperan, protegerán el interés del niño y darán con este caso un fallo ejemplar contra el abuso sexual a menores, algo por desgracia común en México. Pero nada, los representantes del “máximo” órgano de Justicia le dan el amparo a la maestra detenida y consideran que “no hay elementos para acreditar su culpabilidad”, aún cuando el niño declaró en repetidas ocasiones y diligencias que era esa maestra, Magdalena García, quien lo llevaba de la mano al salón donde su marido abusaba de él. La palabra del niño no importó para esos ministros.

El último caso que nos demuestra lo expuestos, vulnerables e indefensos que están los niños en México es el ocurrido en un kínder de Monterrey, Nuevo León, donde una balacera a unos metros de la escuela ocasionó que los pequeños tuvieran que tirarse al piso para protegerse. Un video que circula en internet, muestra como su maestra, Martha Rivera, trata de tranquilizar a los niños que, pecho tierra, se preguntan asustados que sucede. La profesora los calma y les canta para tranquilizarlos mientras afuera se escuchan las ráfagas de metralletas y balazos que espantan a los pequeñitos.

Se han puesto a pensar pajarracos ¿qué le espera a esta generación de niños que están creciendo con la violencia más cruel como algo casi cotidiano, común? Son niños que a sus escasos años ya saben lo que es un tiroteo, ya han visto muertos en la calle y ya escuchan todos los días de asesinatos violentos, de decapitados, de fosas comunes, de secuestros y torturas ¿Cómo impactará eso su vida, cómo lo reflejarán cuando crezcan, cómo procesarán esos niños tanta violencia?

No pajarracos no es fácil ser niño en México. Antes los niños hablamos de sueños, de juegos, de esperanzas; no dudo que los niños de ahora también lo hagan pero en su lenguaje, en su vocabulario y en su mente también están las balas, los muertos, los abusos. Pobres niños mexicanos.

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